jueves, 16 de marzo de 2017

El evangelio de la felicidad

Reflexión domingo 29 de enero 2017
El evangelio de la felicidad

San Mateo 5,1-12


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados ustedes cuando os insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo».


El domingo pasado reflexionábamos sobre el Reino de Dios, un Reino, que debe ser anunciado a todos los hombres. Hoy, esto se concreta en las Bienaventuranzas, -las pautas para alcanzar la felicidad-, que a su vez, son exigentes. No hay felicidad sin conversión interior y si hay conversión interior, debe haber cambio social. Buscar la felicidad, es una de las ansias principales de los hombres, pero esta palabra tiene muchos significados, según uno sea niño, anciano, joven, adulto, e incluso a la cultura que pertenezca. Los criterios son muy variados y lo que uno considera ser feliz, a otro puede dejarle indiferente.
Jesús nos propone una serie de actitudes, para hacer presente el Reino. Unas hacen referencia a nuestro interior: La pobreza en el espíritu, la no violencia, la limpieza de corazón, la misericordia, el hambre y sed de la justicia. El que está lleno de cosas no necesita nada, es verdad, que el dinero no da la felicidad, pero en ocasiones ayuda a ella. El tema por lo tanto, no es la pobreza, que en sí es mala, sino algo más profundo. Se trata de sentirse aprendiz de todo, indigente, peregrino, en actitud de búsqueda, sentirse pobre como hombre, sólo el que se siente así, puede ser llenado de algo. Y se trata de optar por los pobres, a ellos les pertenece el Reino, seremos felices si nos convertimos y compartimos.
De esta riqueza interior, vendrá la no violencia y la limpieza de corazón. Es el espíritu de lucha por conseguir algo: el trabajo, el pan, la dignidad, la libertad…; pero sin odios, sin armas, sin mentiras, sin fraude, sin corrupción. Estas dos actitudes, son hermanas de la misericordia que no es otra cosa, que el amor sin límites. Amar siempre, devolver bien por mal, perdonar, no llevar la cuenta. Eso nos producirá hambre y sed de la justicia, como a los antiguos profetas. Nos lo recuerda en la primera lectura Sofonías: “Busquen la justicia”.
Pero estas posturas interiores, no pueden ser tales, sino en relación con lo social, lo comunitario. Por eso, las siguientes Bienaventuranzas: los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, los que sean insultados y calumniados por su causa. Ningún hombre, puede sentirse feliz en medio de esclavos y menos aun haciendo esclavos, o viviendo y viendo a su alrededor el odio y la guerra. La teoría es fácil y hermosa. La práctica, es mil veces más bonita, pero infinitamente más difícil. Hay una paradoja; todo: la persecución, el insulto, el trabajo, la calumnia, el dolor…, pueden ser motivo de felicidad. Si desde la fuerza interior, de la que hablábamos en las primeras bienaventuranzas, se da sentido a la existencia, mirando más allá, a la comunidad y convirtiendo a las personas concretas, en el centro del gran ideal del Reino.
¿Alguna vez se nos anunció un evangelio más hermoso? Es el evangelio de la felicidad, a la que hemos sido llamados. Saquemos las consecuencias y vivamos en la libertad de los hijos de Dios. De las bienaventuranzas se desglosará toda la Doctrina Social de la Iglesia: el bien común, el destino universal de los bienes, la participación, la primacía de la persona, la paz, la subsidiaridad, en definitiva, el buscar que el evangelio se cumpla en nuestras vidas. Ser feliz implica estas cosas.
PAZ Y BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazòn
Fraternidad Eclesial Franciscana


particípes del reino...

Reflexión domingo 22 de enero 2017
Participes del Reino…
San Mateo 4,12-23

AL enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retira a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo: «Vengan  en pos de mí y los haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Mateo, no duda en copiar el texto de la primera lectura de hoy del profeta Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Con una intencionalidad, que traslada a Jesús, de Nazaret a Cafarnaúm, que será a partir de ahora, el centro de su actividad evangelizadora. Lo que nos trasmite, es que Jesús va a empezar su predicación, no en Judea o en Jerusalén, sino en la Galilea de los paganos, en las fronteras de la increencia. Toda una declaración de intenciones, que conecta con el anuncio hecho por los profetas.
“Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos”. Su preocupación es el Reino y en esto consiste nuestra conversión actual. Acostumbrados a que las cosas sean o blancas o negras, existe una clara diferencia, entre convertir a todos los hombres en cristianos y llamar a todos los hombres, a sentirse participes del Reino. En el primer caso la Iglesia, la Parroquia, trabaja para sí misma, para ensanchar su número y sus ofertas; en el segundo, procura servir a los hombres, inmersa en las fronteras y periferias, para que el Reino de la justicia y de la paz, que ya está en germen (las semillas del Verbo que decía el Concilio Vaticano II), surja en cada persona.
Que en nuestra pastoral habitual confundimos ambas cosas, está claro, queremos pescar gente para la Iglesia, más que pescar gente para el Reino. Por eso valoramos más, a los que se dedican en nuestras parroquias a las acciones internas: catequesis, liturgia…; que aquellos que están en las fronteras del mundo, en la Galilea de los gentiles. Resolver este dilema es fundamental: ¿no suena a veces ridículo, que mientras nuestro país se debate en un cambio político, en una crisis social y económica profunda; o Europa no es capaz de acoger a los que escapan de la guerra; nosotros discutamos cosas secundarias sobre los ritos y estructuras?
Siguiendo el texto, Jesús configura su grupo de discípulos, de forma diferente a como hacían los líderes de la época. Éstos acogían a quienes solicitaban entrar. Jesús sin embargo, llama a quienes quiere incorporar a su grupo. (No es cuestión de recordar como son nuestras convocatorias). El atractivo de su llamada es irresistible y les hace capaces de renunciar a su familia y a su trabajo para seguirle. Lo que supone una ruptura no sólo afectiva, sino de todas las seguridades, invita a vivir un nuevo estilo de vida. Curioso, escoge a un grupo reducido de gente, doce, setenta y dos, todos ellos galileos, menos Judas el traidor que es de Judea, pescadores en su mayoría, no dirigentes religiosos. Como queriéndonos decir, que si el Reino es universal, la Iglesia puede ser un grupo pequeño sin complejos, que está llamado a prefigurar ese Reino.
Pedro, Andrés, Santiago y Juan, antes de dejar las redes, seguro que en su interior deseaban algo distinto. El relato de hoy no nos cuenta su proceso, que sabemos necesitó tiempo, crisis y momentos intensos, como nuestros procesos. Ellos soñaban con: “proclamar en Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo”, esperaban ardientemente un cambio de sistema, de relaciones. En su corazón resonaba lo anunciado por los profetas, por eso, lo dejaron todo ante la llamada y su decisión cuestiona nuestros sueños, compromisos, comodidades, materialismos, individualidades e insolidaridades. Hemos sido llamados por nuestros nombres, para hacer ver que Dios, está en medio de nosotros guiando la historia y uniendo a toda la familia humana. Algo de esto, distinto, debe anidar en todo los cristianos.
Podríamos terminar con la segunda lectura de San Pablo a los Corintios: “No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo”. Eso es lo que llevamos demasiados años discutiendo, cómo pasar de una Iglesia o parroquia sacramental o de mantenimiento, a una parroquia misionera o evangelizadora. Acogiendo y saliendo, estando dentro y afuera, pero sobre todo, sintiéndonos llamados por Jesús a la urgencia de la conversión, a la Buena Noticia, al Reino. Hace falta tomarse en serio la llamada y sumar esfuerzos, para que en toda nuestra tierra, veamos brillar una luz grande. ¿Te animas a dejar las redes, a ser pescador de hombres y de paso, a meterte dentro de la red que es el Reino?
PAZ Y BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazòn
Fraternidad Eclesial Franciscana



¿Que significa para nosotros Jesús?

Reflexión domingo 15 de enero 2017
¿Qué significa Jesús para nosotros?
Juan 1,29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Hermanos:
Aunque nuestra tradición popular dice: “que hasta San Antón, Pascuas son”, hemos comenzado el tiempo ordinario. Es verdad que el Evangelio de este domingo, forma parte de nuestras reflexiones del tiempo de Navidad, pero vamos a intentar situarlo en el nuevo contexto litúrgico. Dicen los entendidos, que cuando Juan escribió este evangelio, quedaban grupos de seguidores del Bautista que le consideraban el Mesías y por eso, pone en boca de Juan el Bautista, la primera profesión de fe: “Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Jesús es más que el Bautista.

Especialistas aparte, lo que parece importar al evangelista, es situar a Jesús a partir de los antiguos textos proféticos y de los acontecimientos que están ocurriendo en el presente, en la realidad por la que atraviesa la comunidad cristiana en la situación actual. Por eso, los títulos que se le atribuyen: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, “el que existía antes que yo”, “éste es el Hijo de Dios”. La pregunta en definitiva, no es tanto: ¿quién es Jesús?, sino ¿qué significa Jesús para nosotros?, de eso dependerá el título que le demos.
Una de las tareas más difíciles del cristianismo hoy, es presentar quién es Jesús para nosotros, sin caer en las fórmulas tantas veces usadas, que en ocasiones son tan poco comprensibles. Se trata, como hace el evangelista, de recoger la historia y la fe de los primeros cristianos y lo que aportaron, y de actualizar esa experiencia. No podemos atarnos a las expresiones, éstas no son fijas e inamovibles, lo importante es trasmitir con un lenguaje actual y de sentido, lo que es sustancial en el encontrase con Jesús. Resumir eso en una palabra, como hace San Pablo en la segunda lectura: “es el Señor”, ayuda, en estos tiempos de “tuit”, y frases cortas.
En el texto de hoy, aparece la expresión: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, que repetimos en la Eucaristía antes de la comunión. Puede que no sea muy apropiado y moderno, llamar a Jesús “el Cordero”, pero entronca, con toda la tradición de Isaías sobre el Siervo de Dios, (primera lectura). Actualiza la entrega, su muerte en la cruz para que todos tengan vida. No se trata de tener elaborados conceptos y reflexiones, de hablar mucho, sino de encontrar aquellas claves, que iluminan lo que estamos viviendo. Por eso en el cristianismo, siempre existieron los títulos, quizás el más ilustrativo es el de “Jesucristo”.
Decir antes de la comunión estas palabras de Juan el Bautista, es decir, que quienes pretendemos unirnos hoy a Jesús en la comunión, debemos estar dispuestos a ser “siervos”, luchar contra la muerte, que es el pecado del mundo y entregar la vida como aquel “cordero” llevado al matadero. Con esta expresión, estamos diciendo sin retoricas, que los cristianos estaremos allí donde el pecado, la muerte, ejerce un gran poder sobre los hombres, porque nuestra tarea como la de Jesús, es luchar por la vida y por eso comulgamos, nos hacemos también ofrenda.
Desde nuestro bautismo en Espíritu, demos testimonio como Juan el Bautista del Hijo de Dios, buscando la paz con nosotros mismos y entre los pueblos, colaborando con la caridad, la solidaridad y la justicia. Desde la amistad, la alegría, el afecto, el amor, propongamos la libertad, la responsabilidad, saludando a todos como hace San Pablo a los Corintios: “La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sea con vosotros”. Quizás entonces, como en aquel tiempo, cuando alguien venga hacia nosotros, pueda exclamar: ¡he aquí un seguidor del Cordero! No olvidemos que dibujar un Cordero, era uno de los símbolos que identificaban a los primeros cristianos.
PAZ Y BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazòn
Fraternidad Eclesial Franciscana




El Bautismo es un proceso que nos compromete...

Reflexión domingo 8 de enero 2017
El Bautismo es un proceso que nos compromete…
Mateo 3,13-17
La liturgia, nos invita una vez más a recordar nuestro bautismo. La verdad, que es el primer sacramento y por el cual accedemos a la Iglesia, pero quizás, sea del que somos menos conscientes y no sólo porque lo recibimos de niños. El bautismo de Jesús no es una anécdota más en su vida, en este momento está presente toda la Santísima Trinidad: el Padre que habla desde el cielo, el Espíritu Santo en forma de paloma, que se posa sobre el “predilecto”. Está claro, que es el elegido para una misión específica, y nosotros: ¿no debemos pensar que nuestro bautismo es un proceso que nos compromete a seguir al Hijo?

A partir del bautismo, de esta presentación en público, comienza Jesús sus obras y palabras, del mismo modo, nosotros al ser bautizados, somos elegidos para ser miembros de su pueblo y mensajeros del Evangelio. Bautizarse es recibir la fuerza del Espíritu.
Estar bautizado exige asumir una misión y una identidad, ésta no se puede adquirir cuando se es niño, por eso necesita un acompañamiento, durante las diversas etapas de la vida. Hasta hoy los sacramentos del Bautismo, Eucaristía y Confirmación (que son los de la iniciación cristiana), se recibían en un contexto de una vida familiar orientada a la fe y sostenida por un recorrido catequético de preparación. Ahora en cambio, hay familias que no piden el bautismo para sus niños; chicos bautizados, que no acuden a los demás sacramentos de la iniciación; y si acceden, desertan de la Misa Dominical después de la comunión, lo mismo vale, para los que desaparecen de la vida eclesial, después de haber recibido el sacramento de la Confirmación. Se trata de una crisis seria en la iniciación, que impone un replanteamiento de la pastoral ordinaria.
Desde hace tiempo en nuestras parroquias, hemos tratado de “iniciar en los sacramentos”, con un considerable esfuerzo, gasto de energías y buena voluntad. Quizás, deberíamos empezar más decididamente; “a iniciar a través y desde los sacramentos”. Dejar de gastar tantas fuerzas en él durante la preparación o hacerlo de otra manera y sobre todo, potenciar el después. Se necesita una perspectiva catecumenal, que incluya a padres, hijos y catequistas. Un camino que se desarrolla en etapas, con recorridos diferenciados e integrados y que comienza en el momento del bautismo (pre-bautismales). Basado en el conocer, celebrar y vivir, con un acento especial en el servicio a los pobres y el compromiso en la realidad.
Es preciso, por tanto, valorar los momentos, (todos, no sólo los que pertenecen a la vida comunitaria), en los que la parroquia, se pone en contacto con el mundo alejado, despistado e incapaz de dar nombre a la propia búsqueda. Es tiempo de ir (Mc 3, 14-15). Jesús piensa en la comunidad, en función de la misión y no al revés, y es en el bautismo donde comienza su misión. Debemos en nuestra Iglesia, recobrar la importancia del bautismo, que es el ingreso en un horizonte nuevo de la vida, no en un club, sino en una casa, en un hogar, el de Dios, el nuestro. El bautismo es la declaración de hijos o mejor dicho, de que Dios es Padre.
Es pasar de Adán y una vida marcada por la expulsión, el miedo, la culpa, el pecado. A una vida regida por Jesús y su perdón, misericordia, gratuidad y esperanza. Por eso, podemos dedicarnos a disfrutar y aportar lo poco que tenemos, a mejorar esa casa que es el mundo, la casa más cercana de nuestra comunidad, (la Iglesia, nuestra parroquia) y la casa familiar. Sin olvidar, que debemos comunicar a otros lo que nos ha pasado, lo que nos ha traído el bautismo, trabajando por la justicia, la paz y la libertad.
PAZ Y BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazòn

Fraternidad Eclesial Franciscana

lunes, 26 de diciembre de 2016

Dios habla a los que están despiertos...

Reflexión domingo 1 de enero 2017
            Dios habla a los que están despiertos…
Lucas 2, 16-21.

Los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas  en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Un pastor, en aquella época, era una persona que tenía mala reputación. Los tribunales, por ejemplo, no lo aceptaban como un testigo válido. Su vida solitaria y errante, su escasa higiene corporal y su nula formación, les habían acarreado el rechazo de sus contemporáneos. Por eso, llama la atención la aparición de un ángel a estos hombres rudos, carentes de prestigio social, anunciándoles un mensaje divino. Lo cierto es que escucharon la voz de Dios, se levantaron con presteza, acudieron a ver el niño y proclamaron la buena noticia a todos los que se encontraron en el camino.
La Navidad ha sido la fiesta de los pequeños, de los sencillos, de los que apenas llaman la atención. Cristo ha venido al mundo con un mensaje de liberación, especialmente para los pobres y necesitados. Los satisfechos, los poderosos, los que se creen perfectos, no han sabido aceptar mensajes divinos. Ellos ya se sienten liberados, mientras se protegen de todo peligro con bienes materiales, con seguridades humanas. En la figura del pastor nos vemos dibujados todos los que sentimos el peso de nuestras culpas y estamos conscientes de nuestra enorme debilidad.            
 

Poco importa el carácter poético, un tanto ecológico, de la narración. La noche estrellada, la luz ganando la batalla a la oscuridad, los rebaños de ovejas, el campo abierto, simbolizan la realidad de un mundo dolorido que sueña en paraísos idílicos en los que reina la abundancia, la paz, la solidaridad. Un pastor joven y agraciado, David, había viajado en otro tiempo de la soledad del campo al poder de la realeza. De apacentar rebaños de ovejas había pasado a ser el guía fiel del pueblo de Dios en busca de pastos hacia la libertad.

            Dios habla a los que están despiertos y atentos a su llamada.

            Dios habla a los sencillos de corazón.

            Dios habla a los que están dispuestos a levantarse.

            Dios habla a los que buscan la verdad.

            Dios habla a los que quieren caminar.

            Dios habla a los que aceptan sus limitaciones.

            Dios habla a los que creen en los milagros.

            Dios habla a los despreciados por el mundo.

            Dios habla a los que esperan la liberación.

            Dios habla a los que tienen sueños.

            Dios habla a los pastores de ilusiones.

María, la Madre, observaba, aprendía, escuchaba, permanecía atenta a los prodigios que aparecían ante ella. No entendía nada, pero se daba cuenta que la mano de Dios actuaba, estaba allí. Conservaba todas aquellas cosas en su corazón, donde ardía constantemente  el fuego del amor y de la entrega. No eran meras reflexiones intelectuales, sino posturas existenciales que comprometían su vida y despertaban las mejores resonancias de generosidad en su sensibilidad de madre.

Se había iniciado un milagro permanente de la liberación de la humanidad en las carnes frágiles de un niño que yacía en un pesebre. María y José intensificaban su oración para permanecer abiertos a la sorpresa. Desde el silencio y la aceptación incondicional. 

Nuestra devoción a María debe ser más clara, más fundada, más bíblica, pero en ningún caso debe dejar de ser humilde, sencilla y popular. Vale la pena descubrir la validez de la devoción sensible que manifiesta el amor a María. Su vida, su ejemplo, sus palabras nos invitan a amar a Jesús. 
PAZ Y BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazòn
Fraternidad Eclesial Franciscana



EL pesebre predilecto de Dios...

Reflexión 25 de diciembre 2016
El  pesebre predilecto de Dios…

 ... Tanto se ha dicho y se dice sobre la Navidad en este año lo que la Navidad me dice:
"no te apartes de este mundo,  porque Dios ahí eligió nacer
y ahí está  para que nos encontremos con El" y dentro de las realidades del mundo  su "pesebre" predilecto es:  el lugar donde se reúnen los excluidos del templo los excluido del ambiente familiar...

 La navidad nos invita a mirar la historia  "buscando a Dios en ella”  diría más:
 "buscando a Dios en nuestra propia historia"



 El Cristiano no se aparta del mundo por lo tanto hoy y mañana  estaremos en el modo de hacer fiesta con nuestro pueblo comiendo sus comidas, escuchando su música,   compartiendo sus regalos, su estrés, sus cuentas de créditos, sus excesos...
Dios nació en medio del imperio romano sus circos e injusticias por lo tanto:
"Dios seguirá naciendo  hoy y siempre entre nosotros"

Estamos invitados a hacer pequeños silencio, tomando conciencia cual es nuestro propio pesebre, cual es nuestra realidad de pobreza, nuestra espina como la llama San Pablo que quisiéramos quitar, borrar, cambiar... y sin embargo permanece y es lugar donde Dios quiere florecer.

Quizás seremos parte consiente del pesebre viviente si nos dejamos mirar amar
por Dios así como nos mira y ama "así como somos" si caminamos hacia eso, caminamos hacia Belén caminamos hacia la libertad, hacia la alegría verdadera
le hacemos lugar al Dios verdadero, recordemos que  Jesús, para desconcierto del poder del mundo excluyente  y para escándalo de los fariseos moralistas del templo: Dios nació, sigue naciendo, y nacerá en los pesebres de pobreza económica y  moral, pobreza familiar y social, pobreza afectiva e histórica.

Un Dios que se despoja de toda divinidad, para hacerse realmente humano, no apartándose de la realidad, siendo parte de ella como uno más. Desde nosotros los pobres, con ellos, realizando signos casi insignificantes de su Reino, que se necesita una profunda mística para descubrirlos y apoyarlos. UN DIOS QUE SE HACE PEQUEÑO NECESITADO DE LOS HOMBRES.

Tan pobre, que los deseos de grandezas que llevamos dentro, nos hacen construir   grandes catedrales, pomposas liturgias, envolviendo a Jesús en súper poderes… Porque nos cuesta tener fe en alguien cercano, que se manifiesta en la sencillez de lo cotidiano, en un mate compartido, en el  servicio, una comida, una escucha, una palabra, un nacimiento, un abrazo de amistad, de perdón.

Un Dios que nos deja un camino de crecimiento para seguirlo que es RECONOCERSE PEQUEÑO ANTE DIOS PADRE, BUSCANDO SU VOLUNTAD. Vivencia liberadora de todo dominio exterior y del ego interno. Que sin duda nos llevara a tejernos en familia grande con TODOS, CON OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS MAS DEBILES.

Esta cercanía de Dios, cuando la aceptamos  (porque él nunca se impone, si lo queremos dejar fuera de nuestra vida y elaboran nuestro proyecto de vida sin él, según otros hombres o según el ego, él nos da la libertad de elegir el dios al que queremos servir) cuando dejamos que Jesús habite y nos comunique con la Paternidad y Maternidad amorosa del creador, damos pasos de libertad. Es muy distinto las perdidas y logros, la juventud y la vejes, la salud y la enfermedad, la mesa servida y las carencias, el amor y la traición, el encuentro y la soledad, el acierto y el pecado… es muy distinto vivirlo acompañado de Jesús a vivirlo al servicio de otros o centrados en nuestro ego. Quien se descubre  y elige ponerse en manos de Dios NADA LE FALTA EN NINGUNA SITUACIÓN.

 Este es mí  deseó amigos: que cultivemos personalmente y comunitariamente la relación con Jesús, buscar elegir la “loca” aventura de volver a ser como niños dejándonos amar, por quien nos ama así como somos. Y  si nos sentimos AMADOS, nada nos faltara, por lo tanto seremos libres y liberadores… siempre con imperfecciones para experimentar la cercanía a TODOS los hombres y la infinita MISERICORDIA de Dios.  San Francisco decía: que en el pesebre la humildad encuentra su lugar, la pobreza es ensalzada y Greccio se convierte en la nueva Belén. Hagamos que nuestra vida sea el pesebre predilecto de Dios… ¡Feliz Navidad¡

PAZ  Y  BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazón
Fraternidad Eclesial Franciscana


José el necesario...

Reflexión domingo 18 de diciembre 2016
José el necesario…
Mateo 1,18-24

María y José, José y María, llenan este domingo, aunque el centro como siempre, sea el Emmanuel, el “Dios con nosotros”. María es la disponible y José el necesario. Por medio de José, Jesús pertenece y entronca, con la gran promesa que Dios ha hecho a su pueblo en Isaías y los profetas. El Mesías será de la estirpe de David y de la estirpe de Abrahán. Dios se va a valer de los dos, que dice el Evangelio, que eran buenas personas y aguardaban la liberación de Israel.
El texto de Mateo, da por tanto una gran importancia a José. Debe estar muy enamorado de María y ante el embarazo “no deseado”, decide no denunciarla, sino repudiarla en secreto. El secreto, en un pueblo tan pequeño iba a durar poco tiempo, quizás por eso, María se fue a prisa a la montaña, a visitar a su prima Isabel, los comentarios no tardarían en comenzar. Las dudas, el debate interior, la calidad interior de José, se muestra ahora: en una sociedad machista y patriarcal, que pone la ley de su parte, él decide dejarla libre en la opción que ha tomado.
Vendrá después el sueño, Dios que le ha invitado a participar en sus planes, también le presta su apoyo. “Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer”. María, ya no será diana de los cuchicheos de sus paisanos y el hijo pasará a ser “el hijo del carpintero”, a los ojos de todos. Poco más nos dicen los Evangelios, a los doce años el niño se pierde, José que lo busca, recibirá aquella respuesta: “estaba en las cosas de mi Padre”. Misión cumplida, no aparece más, la tradición le hizo mayor, o que murió joven, en ningún sitio se habla de su muerte. Silencio, quizás como su mujer, también guardaba todas estas cosas en su corazón.
José nos enseña una cosa muy importante para la vida cristiana, aceptar los planes de Dios, aunque no coincidan con los planes, que tú te has hecho para el futuro, un futuro familiar, incluso afectivo. No es poco su valor en estos tiempos, es el hombre fuerte, que quiere y respeta a su mujer. En Adviento hablamos mucho de María y parece que José se nos queda traspapelado, él tiene en su interior un misterio, sabe quién es el niño y calla, buen ejemplo ante nuestras muchas palabras.
Junto a María y José, hay otro protagonista a la sombra, el Espíritu Santo: “la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”, en otro lugar se dice: “que la cubrirá con su sombra”. El Adviento, es época propicia para descubrir la presencia del Espíritu en la historia, en la sociedad y en la Iglesia. Es verdad que hay en nuestro mundo signos de desesperanza, de injusticia, pero también hay signos de los tiempos, a los que debemos estar atentos. Hay gentes sencillas, como María y José, que se fían de las promesas, que cambian sus planes de vida y manifiestan la presencia de un Dios cercano a los más necesitados, un “Dios-con-nosotros”.
En nuestras parroquias y en las celebraciones eucarísticas, puede que en estos días se muestre la debilidad, cambiamos la Misa del Gallo por la cena en familia, el día de Navidad y Año Nuevo, nuestros horarios coinciden, con el estar en la cama después de una noche larga. La austeridad de los profetas, o del precursor, no casa bien con nuestras mesas, el espíritu navideño no suele ir más allá, de dar un donativo para los pobres. Somos cada vez menos, claman algunos, y es verdad. Pero eso no quita que: “el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad” y crea nueva vida, en la creación se cernía sobre las aguas, en el seno de María da vida al Salvador y en Pentecostés a la Iglesia.
Creer en el misterio, es precisamente esto: saber que la historia de salvación continúa y un “resto” como en Israel, intenta seguir manteniendo la ilusión en las promesas. María y José son nuestros guías, que nos muestran la fidelidad de los hombres justos y de las mujeres sencillas.  
PAZ Y BIEN
Hna. Esthela Nineth Bonardy Cazòn
Fraternidad Eclesial Franciscana